Siglos atrás, los jalus fueron monturas de los guardianes. Tenían mal temperamento, no les gustaba ser tocados y si alguien se atrevía a sostenerles la mirada, lo embestían con violencia por considerarlo una amenaza. Sin embargo, eran capaces de estrechar lazos con otras especies. Si se les proporcionaba alimento, libertad y resguardo, reprimían sus impulsos agresivos y toleraban ser montados como caballos.

La pérdida El Bestiario de L.M. Langoni